Un día te miras en una foto y no eres tú. No sabrías decir qué ha cambiado exactamente, pero la cara que te devuelve la pantalla parece cansada. Y tú no lo estás. Lo que ha pasado no está en la superficie: el hueso ha retrocedido unos milímetros, la grasa profunda se ha vaciado por compartimentos y los músculos han desequilibrado sus fuerzas. Por eso pasa lo que pasa cuando se trata solo lo que se ve: se rellena el surco, pero no la estructura que lo originó. No es que lo que te hicieron estuviera mal hecho. Es que se hizo sin mirar debajo.